El día que en Young la solidaridad terminó en tragedia frente a una locomotora
El 17 de marzo de 2006 murieron ocho personas en Young mientras intentaban hacer algo bueno por su comunidad, eso merece ser recordado, contado y entendido.
Me cuesta escribir esta entrada más que cualquier otra, no porque no sepa qué pasó, sino porque sucedió en mí ciudad y a gente que conocía de la vuelta
Tenía 18 años, recuerdo haber pasado por el lugar poco después y el ambiente que quedaba en el aire era imposible de describir.
A los 10 min llegué a lo de mí padre que escuchaba una radio AM de Argentina e increíblemente ya estaba la noticia.
Esa imagen no se va, pero hay generaciones que no saben lo que ocurrió ese día, y eso también pesa.
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| Locomotora Alsthom usada para el desafio (imagen IA) |
El hospital, la tele y una idea
Young, como muchas ciudades del interior uruguayo, siempre se las arregló como pudo para sostener su hospital.
El hospital era —y es— mucho más que un edificio: era el lugar donde nacieron y murieron varias generaciones de younguenses.
Esa identificación con el hospital es muy fuerte, casi única, a principios de los años 2000, el hospital necesitaba cosas básicas que el Estado no proveía, una de esas necesidades, para 2006, era la calefacción, los inviernos en Young son bravos, y en las salas de internación el frío era un problema real, se necesitaban unos 30.000 dólares para resolverlo.
Por ese tiempo, uno de los programas más vistos en Young —y en todo Uruguay— era Desafío al Corazón, que emitía Canal 10 desde Montevideo.
El formato era sencillo y emotivo: una institución aceptaba cumplir una prueba inusual, los televidentes donaban dinero por teléfono, y si se lograba el objetivo, la institución recibía los fondos.
Era un programa muy popular en la época, lo veían muchas familias, y la posibilidad de que el hospital de Young participara se venía gestionando desde hacía tiempo.
Cuando finalmente llegó el turno, los productores del programa visitaron la ciudad, recorrieron las calles, vieron las vías del ferrocarril y tuvieron una idea: que la gente del pueblo remolcara una locomotora.
Todo Young, junto
La campaña de convocatoria fue total, carteles pintados por escolares, pasacalles en las esquinas principales, notas en la prensa local, entrevistas en cada programa radial y un jingle pegadizo que sonó por altoparlantes por toda la ciudad durante días, que convocaba a todos —A TODOS— a participar.
El mensaje era claro: cuanta más gente, mejor, la fecha fijada fue el viernes 17 de marzo de 2006, el lugar: la vieja estación de trenes.
El clima que se generó en los días previos era de fiesta, la gente se saludaba en la calle con entusiasmo, había una sensación de que por fin Young iba a existir para el resto del Uruguay, iba a salir en la tele, iba a demostrar lo que era capaz de hacer por su hospital.
La locomotora
El día llegó, a media tarde la estación estaba repleta de gente, había escolares, jubilados, trabajadores, familias enteras.
La locomotora —una máquina de más de 56.000 kilos— estaba estacionada frente al andén, desde los altoparlantes seguía sonando el jingle a todo volumen.
Conductores de televisión animaban desde arriba del tren, el entusiasmo era enorme, casi imposible de contener, demasiado grande para contener.
Las cuerdas que se habían preparado para un grupo acotado de tiradores terminaron siendo tomadas por cientos de personas que querían participar, ayudar, estar ahí.
Había ancianos, chicos, gente de todas las edades apretujada contra el andén, en las vías, empujando para tomar aunque sea un pedacito de soga.
A las 14:20, antes de la hora prevista, en medio de la confusión, la locomotora se movió.
Lo que pasó
La máquina se movió con una velocidad que nadie esperaba, la cantidad de gente tirando, los rieles mojados por la lluvia, la multitud comprimida contra el andén sin espacio para moverse... todo confluyo en segundos.
Ocho personas murieron, entre ellas, Jonathan Muñoz, un chico de 14 años que había ido con una amiga porque quería ayudar al hospital y quería estar en ese momento que parecía histórico para su ciudad.
Hubo decenas de heridos, algunos con secuelas permanentes, la fiesta se convirtió en tragedia en cuestión de instantes.
El silencio que vino después
Lo que siguió es quizás tan difícil de entender como el hecho mismo, Young procesó la tragedia de una manera muy particular, hubo quienes eligieron hablar de responsabilidades y quienes eligieron no hacerlo. Hubo familias de víctimas que pidieron que la justicia no investigara, convencidas de que nadie tenía la culpa, o de que todos la tenían, que viene a ser lo mismo.
Hubo otros que no estuvieron de acuerdo con ese silencio y lo pagaron caro socialmente.
El pueblo quedó partido entre el dolor y la necesidad de seguir viviendo en el mismo lugar, con las mismas personas, en una ciudad pequeña donde todo el mundo se conoce, y así fue como, poco a poco, la tragedia dejó de nombrarse.
Se la recuerda en las fechas, con algún homenaje, pero la historia completa —cómo fue, por qué fue— quedó guardada en ese cajón del que hablaba al principio.
Por qué escribir esto hoy
No escribo esto para señalar a nadie, los que estuvieron, los que organizaron, los que participaron, los que perdieron a alguien, todos cargaron y cargan con el peso de ese día de maneras que no puedo ni imaginar.
Escribo porque hay gente joven en Young que no sabe bien qué pasó, porque la información que circula es poca o fragmentada, porque creo que conocer la historia de tu ciudad, incluso las partes que duelen, es parte de entender quiénes somos y de dónde venimos.
El 17 de marzo de 2006 murieron ocho vecinos nuestros mientras intentaban hacer algo bueno por su comunidad, eso merece ser recordado, contado y entendido.
No para revolver heridas, sino para que no se pierda.
Si estás de acuerdo conmigo comparte para que más gurises se enteren.
¿Eras younguense en esa época? ¿Conocés a alguien que estuvo ahí?
Si querés dejar tu recuerdo más abajo en los comentarios, es bienvenido.
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