Cuando Carlos Castro (bromeando con sus compañeros de trabajo) repetía cada día que él sería quien inauguraría el cementerio local, que recién se estaba comenzando a alambrar, lejos estaría de imaginar que estaba lanzando un decreto que se cumpliría en un plazo muy breve. Imagen ilustrativa generada con AI Tenía apenas 26 años, una energía demoledora y una salud de hierro, lo cual quizás lo llevaba a realizar esa afirmación libre de temores, ya la vez, convocar a carcajadas colectivas de todos los integrantes de la cuadrilla que, a pala y barreta, delimitaban el área que, al paso de los años, estaría albergando hoy a más de cuatro mil despojos mortales de igual cantidad de almas que se elevaron a otra dimensión. En plena etapa de tendido de alambrado, Carlos Castro contrajo lo que por esa época se denominaba pulmonía doble lo cual resultó el detonador fulminante que culminó, con asombrosa exactitud , en el cumplimiento inapelable de una profecía que había salido de sus propios labios....
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